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ñanzas  de los  frailes para seguirle,  no  sufrirán,  no morirán jamás,  volve­
              rán a ser jóvenes, podrán tener todas las mujeres que quieran y no una so­
              la, como les mandan los  frailes.  Y  aunque sean  viejos, podrán engendrar
              hijos.  El  que  se  contente  con  una  sola  mujer,  morirá inmediatamente.
              Entonces  Tecoroli  irá  a  Guadalajara,  a  Jalisco,  a Michoacán,  a México,
              a  Guatemala  y  por  todos  los  lugares  donde haya cristianos de España,
              y  los matará a todos.  Una vez acabados ellos, volverá a su casa, y voso­
              tros  viviréis  felices  con vuestros antepasados, sin saber qué  es trabajo y
              dolor''.

                   Para  la  Navidad  de  ese  año,  la  guerra  se  había  generalizado  en
              la  Nueva  Galicia.  Guerra  que  no  vamos  a  seguir  en  todos  sus  episo­
              dios.  Mencionemos,  nada  más,  su  momento  culminante:  el  terrible
              ataque  dado  a  Guadalajara,  último  refugio  de  los  españoles  novoga­
              laicos;  ataque  dado  por  miles  y  miles  de  indios,  a  fines de septiembre
              de  l ,141.  Salvolos  un  manifiesto  auxilio  del  Cielo  pedido  angustiosa­
              mente  por  los  sitiados,  sobre  todo  por  las  mujeres  y  los  niños  que,
              dirigidos  por  los  sacerdotes,  oraban  a  gritos  en  el  templo,  enmedio de
              liantos  y  sollozos,  mientras  los  pocos  combatientes  jugaban  su  carta
              postrera.  Una  carga  desesperada  sobre  los  enemigos  libró  a la  ciudad  y
              ganó  virtualmente  la  Gran  Guerra  emprendida  hacía  casi  un  año.  La
              victoria se obtuvo el  28  de septiembre y le mereció al Arcángel  San Mi­
              guel ser jurado patrono de la ciudad.


                   El  peligro,  sin  embargo,  no había desaparecido.  Y  se  necesitó  que
              el  virrey  Mendoza viniera,  como  vino,  en el mes de noviembre,  con  un
              gran ejército de españoles e indios a reforzar a Cristóbal de Oñate, tenien­
              te  general.  Los  indios  se  habían  concentrado y hecho fuertes en  varios
              "peñoles",  que  fueron  perdiendo,  uno  a  uno,  a pesar de la brava res_is­
              tencia:  Coynan  (Tototlán),  Nochistlán,  Juchipila  y  finalmente  El  Miz­
              tón,  el peñol más inaccesible  y  de mayor  capacidad.  A él acudieron  en­
              tre  cincuenta  y  cien  mil  indios,  muchos de ellos  con sus mujeres y  sus
              niños.  Tal  cerro,  ahora  con  otro  nombre,  es  visible  desde  la  plaza  de
              Apozol, Zac., al lado poniente.


                   Los  "empeñolados"  tuvieron  ante  sí  al  ejército  español  e  indio
              el  28  de  noviembre  y,  al  día  siguiente,  soportaron  el  primer asalto.  Y

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