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En  enero  de  1550,  la. Audiencia  de  Guadalajara  informaba  al rey
             que  los  indios  que  habitaban  a  lo  largo  del  río  de Tepeque,  atacando
             las  estancias  que  rodeaban  a  Tlaltenango  y  Colotlán,  habían matado a
             120 personas en unos cuantos meses.

                  "Se  dijo  que  tenía  más  de  1500  guerreros  en  puestos inexpugna­
             bles y siguieron siendo hostiles después de  las luchas de 1561. Estos te­
             peques enviaron 400 guerreros al Mezquital, pero la campaña de Ahumada
             contra  Malpaís se  inició antes de que  pudieran enviar más para unirse a
             la liga.

                  De 1569  a 1574, siendo encargado de la guerra y defensa de la Nue­
             va Galicia el Dr. Juan Bautista de Orozco,  "aproximadamente 80 de los
             famosos jefes chichimecas habían sido capturados y castigados".

                  "En el acceso occidental a las minas de Zacatecas ( camino Guadala­
             jara-San  Cristobál  de  la  Barranca-El  Teúl-Tlaltenango-Zacatecas),  la
             Audiencia  en  la  Nueva  Galicia  ordenó  en  1570  la  fundación  de  un
             asentamiento  en  Jerez,  compuesto  en  gran  parte  por  soldados,  para
             defensa  y  protección  de  los  caminos". "En  Nueva Galicia,  a una legua
             de Colotlán ... se estableció un presidio, alrededor de 1590".


                  Fue  en  1589. Y para esas fechas ya los indios de  la región habían
             aceptado  pacificarse  por  varios  motivos:  el  gran  ascendiente que sobre
             ellos  logró  su  pariente  (hijo  de  india  y  español) el Capitán Miguel Cal­
             dera, alcalde mayor de Jerez,  y las promesas que éste les hizo en nombre
             del  virrey:  alimentos,  ropa,  tierras,  administración  religiosa  y  aperos
             agrícoias, además de la exención del tributo y la seguridad de un Capitán
             Protector. Este y la asistencia religiosa de los  franciscanos de Zacatecas,
             que  fundaron  un  convento  en  Colotlán  el  año  de  1591,  comenzaron
             desde  luego,  lo mismo que la vecindad y buen ejemplo de cien  familias
             tlaxcaltecas llevadas desde su tierra de origen.

                  El Obispo de Guadalajara Don Alonso de la Mota y Escobar escribió
             de  Colotlán,  hacia 1600  ó poco  después:  "Es tierra algo templada y  en
             gran  manera fértil,  donde se da mucho  maíz,  chile, calabazas, pepinos y
             melones.  Y asimismo crían muchas aves de Castilla y de la tierra; beben
             los indios de un  arroyo de agua que ciñe el pueblo, del cual sacaron una
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