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La tropa conquistadora que nuestros indios vieron  pasar,  integrada
              por  españoles  de  caballería  e  infantería  y  grupos  de  indios  auxiliares,
              más algunos negros,  ya no conservaría el lucimiento y bizarría de la sali­
              da  de México,  el  21  de diciembre  de  1529; pero algo de esto debía que­
              dar.  Aquel día,  "entre un bosque de  lanzas, piafaban los caballos. El sol
              arrancaba  reflejos  cenicientos  a  corazas,  escudos  y  capacetes  de acero;
              destellos  deslumbrantes  a los hierros agudos de las lanzas, visos bermejos
              a  los  cascos  y  petos  de  cuero.  Al  soplo  del  viento  flameaban con  fru­
              frúes  y  estallidos  los  estandartes,  gallardetes  y  banderolas,  y  cubría  la
              plaza el alegre temblor de los penachos en las cimeras españolas y  de la
              policroma  plumería  de  los  guerreros  aliados.  Era  una orgía de colores.
              Las tropas indias vestían  aún los arreos usados cuando Nueva España era
              Anáhuac:  las  manos morenas empuñaban  los dentados "macuahuitl"  y
              los  "chimalli"  en  que  estallaba la brillante gama de la heráldica indígena,
              bárbara e ingenua".

                   Y prosigue la descripción:  "Golpear de pezuñas, piafar de caballos,
              vibrantes  choques  de  hierro  contra  hierro,  salvajes  ululaciones  de  los
              indios"  auxiliares.  Cada  jinete  con  su  "lanza,  espada,  puñal,  celada,
              barbote y coraza o coselete"; cada uno de los de a pie "lanza, pica, espa­
              da,  ballesta  o escopeta,  rodela,  casquete o celada  y armas defensivas de
              adherencia  al  cuerpo".  "Por  todas  partes  vienen  envueltos  sus  cuerpos,
              solamente aparecen sus caras", escribió el cronista de Moctezuma.

                   Repitámoslo:  esta  expedición  y  hasta  este  momento fue  pacífica,
              pero  por excepción; pues si  por  algo  se caracterizó la acción de Nuño de
              Guzmán  en  esta  Co.nquista  llevada  hasta Sinaloa fue cabalmente por  la
              crueldad y  todos los males imaginables.  No sin plenísima razón los "tla­
              cuilos"o  pintores  en función de historiadores, que iban entre los indios
              auxiliares,  lo  representaron  en  una  víbora  mortífera,  invasora  de  pue­
              blos.  Y sólo Dios  que de los males saca bienes pudo prever y pudo hacer
              que de la férrea  y cruel  raza conquistadora y de todo un mosaico de ra­
              zas  indias  cultas  o  semicultas  unas,  y  otras  salvajes,  bárbaras  y  hasta
              antropófagas,  naciera  un  pueblo,  fruto de una y  otra sangre: el  México
              mestizo,  el  México actual, proclamado por la misma Madre de Dios "hijo
              pequeño  y  delicado",  los  días  9,  10  y  12  de Diciembre de 1531.  Una
              historia que cada mexicano lleva en el corazón.


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