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Años más tarde, hacia 1549, durante un año, misionó en toda la
diócesis y concretamente en la Sierra de Tepec el primer Obispo de
Guadalajara, Don Pedro Górnez Maraver. Así lo hizo saber al rey en
carta de fines de 15 50.
7.- TORIBIO DE BOLAÑOS, UN BUEN ENCOMENDERO.
ENCOMENDERO FUE -pues se trata de algo que ya no existe- el que
recibió una "encomienda". Y ésta una forma de servicios mutuos entre
un conquistador, o alguno de sus descendientes inmediatos, y un pueblo
indígena conquistado. En México, la estableció, reglamentándola, Hernán
Cortés; la continuó, abusando de ella, Nuño de Guzmán; y luego la con
troló hasta extinguirla poco a poco la Corona Española.
Fue la solución hallada para varios problemas: proveer al bien de
los conquistadores proporcionándoles sustento, ocupación y estímuk
para radicarse en la tierra conquistada; y proveer al bien de los conquis
tados que recibirían del conquistador protección, educación religiosa y
enseñanza agrícola e industrial. A pesar de sus inconvenientes y de los
abusos, que no fueron pocos ni leves, la práctica de la "encomienda" fue
benéfica: el preludio de nuestra vida campestre, feliz y tranquila durante
siglos; la difusión de nuevas especies vegetales y animales. Esto además
de los fines intentados y logrados, aunque no totalmente. Por sus abusos
e inconvenientes, quedó del todo extinguida por decreto real en 1718.
Nombrado, según parece, por el Gobernador Francisco Vázquez de
Coronado, Toribio de Bolaños aparece, al iniciarse la Gran Rebelión,
como encomendero de Tlaltenango, entonces de una jurisdicción muy
amplia: todo el valle Jerez-El Teúl y toda la Sierra de Tepeque. Antes
había sido, una y otra vez, alcalde de Guadalajara, cuando la ciudad no
encontraba su asiento definitivo; y después de la guerra fue regidor de
la misma ciudad, ya establecida en el valle de Atemajac.
Que Toribio de Bolaii.os fue un buen encomendero, esto es, un deci
dido protector de sus indios y bien-quisto de ellos, lo demuestran dos
hechos: el haber podido abrir, en 1548, y explotar por varios aúos las
minas de Tepec, diez o más leguas al poniente de Tlaltenango y en terre-
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