Page 25 - TOTATICHE 2
P. 25

actual,  llegó  a  El Teúl  el  23 de abril de  1530  y  se retiró el  25, porque
              habiendo  huido  los  habitantes,  él  y su ejército no encontraron qué co­
              mer.  Por orden suya,  un día antes el capitán Francisco Verdugo realizó
              una expedición relámpago a Tlaltenango.


                   Al  partirse  de El Teúl,  Nuño envió a su segundo,  Pedro  Alméndez
              Chirinos,  a explorar hacia el norte en busca de "las amazonas".  Lo acom­
              pañaron los capitanes  Francisco  Verdugo  y Diego de Proaño con regular
              cantidad de españoles  y los indios  de Tlaxcala y Huejotzingo, "amigos".
              Y  avanzaron hasta Zacatecas, de donde,  advertidos por los n::tturales que
              de seguir adelante sólo encontrarían "una gente traidora llamada huachi­
              chiles", se volvieron desandando el .valle Jerez-El Teúl.

                   Y  porque  el  hombre  que  marcha,  sigue  "reglas tan  fijas e invaria­
              bles como las que rigen los movimientos del líquido  que fluye", tenien­
              do  cita con Nuño de Guzmán en Tepic, debieron torcer hacia el ponien­
              te por donde se continúa haciéndolo: el cruce dc1trío en Cartagenas para
              seguir  por  Totatiche,  Temastián  (llamado  entonces  Acatlán)  y por  Los
              Cardos  desembocar  en  el  valle  de  J onacatiq ue  y  ha jar al  "río de Te pe­
              que",  ahora  de  Bolaños,  que recorrieron  en  buena  parte. "Y era  de ver
              la gente y pueblos que había, que los salían a ver y recibían de paz".

                   Indudablemente  lo  dicho de estos pueblos debe entenderse asimis­
              mo  de  los  de  la  meseta:  Totatiche,  Acatlán,  Huejotitán  e  indios  de
              Azqueltán  -éstos  poblados  en  el  Cerro  de  los  Metates-,  ya  que  dicha
              expedición  fue del todo pacífica.

                   ¿Cómo  se vieron  mutuamente?  "De los montes pelados bajaban pe­
              queños  grupos  de  salvajes,  que  acudían  a  contemplar  a  aquellos  seres
              extraños  que  los  iban  a  perturbar  en  su  mísera,  pero  feliz 'animalidad.
              Los  españoles,  a  su  vez,  examinaban  dcsdefíosos  y  asombrados aqL•ellas
              muestras  de  bárbara  humanidad:  los  indios  andaban  absolutamente
              desnudos,  con  una correa o  banda de  cuero,  que por la  frente les  ceñía
              la cabeza; llevaban en las manos arcos ·y  ílechas".


                   Los  indios  veían  en  los  espaiioles  seres  extraños:  "barbudos,  peli­
              rrojos,  de  piel  blanca  y  ojos  azules ... ,  muchos  de ellos so.pre venados
              descomunales y veloces" (los caballos).
              24
   20   21   22   23   24   25   26   27   28   29   30