Page 31 - TOTATICHE 2
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para  que  se  rindieran,  se emplearon  la fuerza,  la persuasión,  las prome­
            sas  de  indulto,  con  resultados  siempre  negativos.  Y  así  transcurrían
            los  días.  El  virrey  ya  desesperaba:  "Maravillado  estoy  d.::  ver  cosa  tan
            fuerte;  no  sé  qué  remedio  demos  para  ganarle  y  acabar  esta  empresa,
            porque  se  nos  va  el  tiempo".  A  lo  que  Cristóbal  de  Oñate respondió:
            "Señor,  la  porfía  mata  la  caza,  y  la  hambre  los  ha  de hacer darse; no
            dejarlos,  que  de esta victoria  pende  la paz y  seguridad  de toda la tierra,
            y  toda  ella  está  a la mira,  para la paz que se ha de  conseguir,  o la gue­
            rra  que  se  ha  de  continuar;  y  así  Vuestra Señoría no  muestre flaqueza
            ni  quiera  aflojar,  porque  yo,  de  mi  parte,  no  la  dejaré  hasta  morir  o
            vencer".

                 Y  sorpresivamente  llegó  la  victoria,  pero no como fruto de un  ar­
            bitrio  humano,  sino  de  modo  del  todo  providencial:  "Y  esto  fue  tan
            de repente, porque aún no había dado orden el Señor Visorrey de cómo
            se había de  dar la batalla; y esto sucedió el jueves, día de la octava de la
            Concepción;  porque se estaba  trabajando y edificando y no eran muchos
            los  que  peleaban,  sino  algunos  del  ejército,  porque  no  todos  estaban
            armados  ni  prevenidos  para  dar  la batalla, y los españoles estaban tam­
            bién  bien  descuidados  cuando  esto  sucedió,  sería  como  hasta  hora  de
            vísperas,  y tan de repente,  que fue un milagro de Dios de la manera que
            sucedió".

            6.- EVANG ELIZACION DE LOS PUEBLOS TEPECANOS.

            LA PR EDICACION  DEL  EVANGELIO se  adentró  a los pueblos que ro­
            dean  a la Guadalajara  actual  en la persona de Fray Antonio  de  Segovia,
            franciscano,  el mismo  aiio  (1530)  en que mes o meses  antes había pasa­
            do,  como  un  huracán  arrasador,  Nuii.o  Beltrán  de  Guzmán.  Y  si para re­
            primir  los  desmanes  del  feroz  conquistador  se  unieron  al  ejército,  en
            Michoacfo,  los  Padres  Fray  Juan  de  Padilla  y  Fray  Juan  Badillo,  es
            lógico  pensar  l¡ue  el  Padre  Segovia,  compañero  de  ellos,  sintiera  el
            impulso  de  seguir  en  part'c  el  mismo  camino,  a  fin  de  reparar  en  lo
            posible  los  destrozos,  materiales y espirituales,  que  Nuño  iba causando.
            Y  tomó  a  su  cuidado especial la  Cazcana,  "que  son  los pueblos  y  cabe­
            ceras de J uchipila.  Tlaltcnango,  Teúl, Mecatabasco, Nochistlán y Teocal­
            tech".  En J uchipila fundó un modesto convento, como lo había fundado
            en  Tetlán  y  cambiado  después  a Guadalajara.  El  Padre  Segovia  fue  el

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