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para que se rindieran, se emplearon la fuerza, la persuasión, las prome
sas de indulto, con resultados siempre negativos. Y así transcurrían
los días. El virrey ya desesperaba: "Maravillado estoy d.:: ver cosa tan
fuerte; no sé qué remedio demos para ganarle y acabar esta empresa,
porque se nos va el tiempo". A lo que Cristóbal de Oñate respondió:
"Señor, la porfía mata la caza, y la hambre los ha de hacer darse; no
dejarlos, que de esta victoria pende la paz y seguridad de toda la tierra,
y toda ella está a la mira, para la paz que se ha de conseguir, o la gue
rra que se ha de continuar; y así Vuestra Señoría no muestre flaqueza
ni quiera aflojar, porque yo, de mi parte, no la dejaré hasta morir o
vencer".
Y sorpresivamente llegó la victoria, pero no como fruto de un ar
bitrio humano, sino de modo del todo providencial: "Y esto fue tan
de repente, porque aún no había dado orden el Señor Visorrey de cómo
se había de dar la batalla; y esto sucedió el jueves, día de la octava de la
Concepción; porque se estaba trabajando y edificando y no eran muchos
los que peleaban, sino algunos del ejército, porque no todos estaban
armados ni prevenidos para dar la batalla, y los españoles estaban tam
bién bien descuidados cuando esto sucedió, sería como hasta hora de
vísperas, y tan de repente, que fue un milagro de Dios de la manera que
sucedió".
6.- EVANG ELIZACION DE LOS PUEBLOS TEPECANOS.
LA PR EDICACION DEL EVANGELIO se adentró a los pueblos que ro
dean a la Guadalajara actual en la persona de Fray Antonio de Segovia,
franciscano, el mismo aiio (1530) en que mes o meses antes había pasa
do, como un huracán arrasador, Nuii.o Beltrán de Guzmán. Y si para re
primir los desmanes del feroz conquistador se unieron al ejército, en
Michoacfo, los Padres Fray Juan de Padilla y Fray Juan Badillo, es
lógico pensar l¡ue el Padre Segovia, compañero de ellos, sintiera el
impulso de seguir en part'c el mismo camino, a fin de reparar en lo
posible los destrozos, materiales y espirituales, que Nuño iba causando.
Y tomó a su cuidado especial la Cazcana, "que son los pueblos y cabe
ceras de J uchipila. Tlaltcnango, Teúl, Mecatabasco, Nochistlán y Teocal
tech". En J uchipila fundó un modesto convento, como lo había fundado
en Tetlán y cambiado después a Guadalajara. El Padre Segovia fue el
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