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ce doscientos años bien pudo ser.  Recordemos que una de las operacio­
             nes de las lluvias y de las aguas corrientes es lavar las tierras y desalinar­
             las, cuando, como en el caso de las de estos rumbos, estuvieron por siglos
             o milenios en el fondo del mar.


                  El Capitán emprendió su aventura en cuerpo y alma. Buscó un sus­
             tituto  en  el  despacho  de  los  asuntos  de gobierno  y  se  vino  a  nuestra
             tierra.  ¿Por  cuánto tiempo? No sabemos. Solamente se tiene noticia de
             que  los  indios,  sus  primeros  trabajadores,  le  fallaron  al  no  soportar  la
             acción  del  salitre; y  hubo de  suspender un poco o un mucho, mientras
             consi ió  negros  que  sí  resistían  el  trabajo.  Y  tampoco  este  recurso
                  gu
             resolvió  el  problema.  Acaso  porque  consiguió  pocos,  pues  los  negros
             eran  muy caros.  O porque el negocio no era costeable. El hecho es que
             terminó  la aventura  y quedó únicamente la designación del lugar como
             "el  salitre",  que,  andando  el tiempo,  se  convirtió  en  nombre  propio:
             El Salitre. Nombre que prevaleció sobre el de Agua Salóbrega, que antes
             tenía y conservó algún tiempo.


             13.- SUCESIVAS MEDICIONES DEL VALLE.

             EL 20  DE NOVIEMBRE de 1691. el ya Capitán Juan Díaz Infante pidió
             al  alcalde  mayor  de  Tlaltenango,  Gral.  Francisco  de  la  Concha,  que,
             presente,  mandase medir y  amojonar  su propiedad, previa cita a Gaspar
             de  Magallanes,  poseedor  de  la  inmediata Labor de San Buenaventura o
             Hacienda  de  La Capellanía.  La  medición  y  aposesionamiento  se verifi­
             caron del 12 al 18 de enero de 1692. El 16, Gaspar de Magallanes presen­
             tó el título de  "una labor llamada 'San Buenaventura', que se compone
             de un sitio de ganado mayor  y cuatro caballerías de  tierra y demás que
             le  pertenecen  en  dicha  jurisdicción"  al  bachiller  presbítero  Don  Lucas
             Martín  ya  difunto,  quien  dejó  gravada  dicha  labor  con  una  capellanía
             colativa  de  Misas  rezadas  (de  allí  el nombre de La Capellanía).  Coteja­
             das las fechas de los  títulos,  se vio que el  título de J uanacatic era ante­
             rior en once años. Esto para los efectos de los límites.

                  En  las  diligencias,  aparecen  como  nombres  de  los  s1t1os:  El Agua
             Salóbrega  (El Salitre)  - La Cieneguilla hacia  Azqueltán  (Patahua) - Ca­
             ñadita  y  Sauces  (Escondida,  Arroyo del Agua,  Nopalera y San Antonio

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